jueves, 26 de marzo de 2015

MEMORIA

El 24 de marzo se instauró como el día de la memoria. La memoria, esa capacidad humana que nos enlaza con la historia, la personal y la social. Saben y dicen los neurocientíficos, que para memorizar algo, otro elemento debe ser olvidado, si no, seríamos como el desdichado personaje borgeano, aquel Funes el memorioso, que nada podía olvidar. ¿Quién decide entonces en la historia, qué es lo que debe quedar para la memoria? ¿Quién puede decir si lo que elevamos al estandarte de historia es realmente lo que pasó, y más aún, si es que tiene sentido todo lo que pasó? La ilustración se hizo ilusiones con el progreso indefinido de la humanidad, una humanidad destinada a desarrollarse moralmente siempre hacia adelante, impulsada también por la razón y a ciencia. Luego los genocidios y las grandes guerras pusieron punto final a ese sueño utópico. Pero no fue el fin de la historia, si no su renovación. Mientras quede un hombre vivo sobre la tierra capaz de recordar, seguirá habiendo historia. 
En el texto “La sociedad abierta y sus enemigos” Karl Popper se pregunta, si la historia tiene un significado, y éste responde que no, que la historia que conocemos es la historia del poder político,  de la guerra;  y por lo tanto no tiene un sentido. Entonces cabe a nosotros preguntarnos, ¿Quién escribe hoy y ahora nuestra historia, quién tiene el poder de elevar relatos a status de historia? ¿Qué relatos se dejan de lado, qué víctimas se esconden, qué matices se ignoran? Entonces, ¿Qué significa hoy el día de la memoria? ¿Por qué se elige el 24 de marzo, cuando comienza el gobierno del golpe militar, y no el 10 de diciembre cuando todos los argentinos recuperamos la democracia, y qué hay detrás de tal elección? Dejar asentada en la historia una parte de la misma y negar la otra, invocando a la memoria, es el juego del poder del que nos previene Popper. 
Para algunos sociólogos y filósofos, cuando una sociedad transita por situaciones traumáticas, no se puede intentar comprender o buscar sentido, porque al hacerlo se justifican las acciones de una manera tal que los pecados parecen, sino perdonados, al menos justificados. No se puede “comprender” lo que pasó, porque lo que pasó está más allá de nuestra comprensión, sobre todo si ésta se intenta desde perspectivas tenazmente construidas desde la estrecha subjetividad. Los hechos están atravesados por las subjetividades y las interpretaciones, que por ser tales, son todas parciales. Pero hay puntos, hitos, marcas comunes que nos invitan a mirar desde distintos lugares hacia un mismo horizonte. ¿Por qué no optar entonces por esa mirada constructiva y dialógica, no ingenua, sino crítica, necesaria y crudamente crítica para hacernos cargo cada uno de la parte que le toca? y luego, entonces, ¿por qué no honrar lo que une y no lo que separa?  
Si se eligen relatos, o contextos,  y se los enarbola como únicos y propios, tampoco hay allí detrás un afán de compresión, sino de conquista. Todo lo que quede afuera seguirá doliendo y sin cicatrizar.  Lo “no dicho” aturde y clama justicia. Apropiarse de una fecha con banderas partidarias, con discursos para los propios, dejando todo lo demás afuera, no busca honrar la memoria, sino reivindicar ideologías y retacear el significado allí donde no se permite recordar en conjunto ni como una sociedad unida, que clama por un sólido “nunca más”. Es seguir lastimando sin remedio en una herida todavía abierta. Es seguir eligiendo el olvido de aquellas víctimas aún no reconocidas, y mantener una mirada pobre y miope, donde no se contempla a la sociedad como uno todo doliente que intenta sanar, sino como un tablero donde solo cuentan los unos pero no los otros. 
Así, no se honra la memoria, se la inventa recortando deliberadamente la parte a negar. No se busca la verdad, se elige construir desde el poder una verdad a medias y a medida, y por lo tanto no se hace justicia, sino venganza u olvido; y se pierde el foco de lo que verdaderamente debemos recordar, y celebrar como un todo, como un país unido bajo la misma esperanza y contundencia del regreso a la democracia y de  aquel  “nunca más”.

Catalina Castro

martes, 16 de septiembre de 2014

IRREVERSIBLE

Sostener que algo es irreversible es antes que nada una declaración de derrota o de omnipotencia, y entre una y otra si se quiere, y hay ánimos para descubrirlos, existen los matices. 
Ser irreversible es negar la libertad, la capacidad de reflexión, de enmienda, de corrección, de perdón, incluso de progreso; ya que ni la propia ciencia es irreversible. Si así lo fuera, todavía el sol giraría en torno a la tierra.  
En su versión omnipotente, lo  irreversible esta determinantemente destinado a un fin utópico y falaz de éxito asegurado, de verdad instalada, incuestionable, universalmente acatada. Ambas opciones como mínimo niegan la capacidad de los hombres de ejercer un pensamiento crítico y reflexivo con respecto a la realidad y a sus propios actos.  
Irreversible es pensar que un daño psíquico no tiene solución, que la economía no depende de los comportamientos humanos, que los presos no tienen opción, que la discapacidad no tiene oportunidad, que los sentimientos no cambian, que la paz es imposible, que la adicción es una cárcel, que la pobreza no tiene salida, que las oportunidades son una rifa, que no existe la redención;  y que el kirchnerismo es la única opción.
Días atrás en un estadio que aparentaba repleto de militantes, Máximo Kirchner habló por primera vez en público y en un acto de esta naturaleza. Lo hizo, en principio, como cabeza de La Cámpora, pero mucho se especula también, que lo hizo como el delfín de Cristina Fernández,  lanzando así una posible candidatura; o como dejó entrever, desafiando a una inconstitucional re-relección.  Luego, se sumaron las declaraciones de integrantes de la agrupación camporista, diputados nacionales que cuestionaron la legitimidad de un gobierno que no se enfrente en elecciones contra Cristina Fernández, y además, que si no se puede derogar una ley, se debería poder disolver el parlamento. No recuerdo una declaración tan abierta contra la institucionalidad. Es que para el FPV  el poder es algo irreversible; y que para mantenerlo, deben cual un animal herido, afilar las garras y los dientes en el lomo de las leyes que hoy votan con obediencia debida y orejeras. 
Como con la discutida y controvertida ley de abastecimiento que busca más regulación y más discrecionalidad para el ejecutivo, cuando, más allá de la comprobada ineficacia de la intervención estatal, abogados y especialistas en el tema advierten de su nacimiento ilegítimo: la ley es inconstitucional. 
Irreversible para el gobierno parece que es la inflación, la pobreza, el desempleo y la retracción de la economía, de las cuales poco se sabe por datos oficiales pero que se evidencian mes a mes en la canasta familiar y en las calles de las ciudades, en el aumento de la población  de las villas, y en los anuncios disfrazados como logros de gestión: engañosos planes para estimular el consumo con 12 cuotas, planes para comprar autos, para construir casas, y para los jóvenes que en ésta década ganada no han logrado trabajar ni estudiar, un plan progresar. Y es irreversible también la situación de las rutas y los caminos rurales hundidos en el agua de la provincia de Buenos Aires mientras que al sector que necesita y genera los fondos para su arreglo y construcción se lo destruye cerrando las exportaciones, interviniéndolo y ahogándolo no sólo con el agua, sino con las retenciones.
Nos espera la oportunidad de trabajar para que la denigrante corrupción, la división, el discurso sesgado de la historia, la descalificación, la impericia, la manipulación de la información, la inseguridad, el relato, el agravio a la Constitución y a las instituciones; a la verdad y a los jueces y fiscales que la buscan, la intervención, el ensanchamiento estatal y los ingratos resultados en la educación, entre otras cosas, no sean irreversibles cuando este ciclo termine.  De nosotros depende.
CCA

miércoles, 21 de mayo de 2014

NO ESTÁ CIEGA, SINO TUERTA

La capacidad de reflexión hace que podamos volver mentalmente sobre nuestros actos, registrarlos, sopesarlos, evaluarlos y criticarlos. Esta es, según Collingwood, la principal actividad del historiador. Descubrir detrás de los hechos, las acciones. Es decir, el pensamiento de aquel que realizó, o que fue el agente de los hechos. Pero Collingwood incluso va un poco más allá y afirma que conocer los hechos es comprenderlos, porque la tarea crítica del historiador, consiste en poder recrear en su mente junto con su propio bagaje cultural,  los pensamientos que llevaron al sujeto en cuestión a realizar dicho acto. Es por eso que el hecho en sí, o sea, el fenómeno descarnado no importa tanto en cuanto tal, sino más bien, en quién lo pensó, y por qué. 
En parte la labor periodística o del cronista es similar. Se relata un hecho y se analiza e interpreta a la luz de sus posibles causas y consecuencias. Lo que está sucediendo estos días en materia judicial, dará mucho para reflexionar, pensar y criticar. Hoy les toca a los analistas y a los periodistas, mañana les tocará a los historiadores. La luz y la perspectiva del tiempo es su elemento, y las consecuencias institucionales de lo que hoy sucede, serán seguramente más evidentes; pero hoy ya es mañana y podemos empezar a visualizar lo que se avecina. 
En una situación sumamente compleja, está el vicepresidente Amado Boudou, por las sospechas y acusaciones que recaen sobre él en lo relacionado con el caso Ciccone. Pero por ahora el vicepresidente, continúa con su vida cotidiana, y su actual bajo perfil, salvo por su aparición en la tv pública días atrás.  Pero quien decidió no aparecer, es Capdevilla, quien fuera director general de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía, y quien aconsejó en su momento a Boudou de no interceder por Ciccone. Capdevilla, ahora testigo de la causa, fue citado a ampliar su declaración, pero decidió, debido a las amenazas que sufrió él y su entorno, dejar el país.
El fiscal Campagnoli, hizo su trabajo y lo hizo quizá mejor de lo que se esperaba. Levantó la cabeza sobre la línea de flotación de causas que quedan archivadas, cajoneadas, politizadas, demoradas y burocratizadas. Sobresalió en un caso incómodo para el gobierno por su cercanía con el investigado, un tal Lázaro Báez, ahora famoso, a su pesar.  Campagnoli fue destituido por “exceso de investigación”. El show del el gran circo romano, ya comenzó, pero esta vez a puertas cerradas. Sin embargo, en simultáneo a su juicio, otro circo se desplegará en Brasil pero a ése sí, estamos todos invitados.  
Para Campagnoli, hoy este es un drama personal, y profesional, pero con la integridad de quienes se saben en el camino correcto, seguramente sabrá recomponer las heridas que esto le cause. Para el resto de los fiscales, es una amenaza y una advertencia. Para la sociedad, o por lo menos para algunos en los cuales me incluyo, una vergüenza, e impotencia. Para la institucionalidad, una afrenta, una herida más. 
Con la perspectiva del tiempo, la historia quizá nos invite a entender y a entendernos, nos interpele, nos cuestione y nos ayude como sociedad, a enmendar nuestros errores. No es sólo Campagnoli, a quien hoy le toca la peor parte y que seguramente cicatrizará, somos todos, es nuestra justicia, es nuestra división de poderes, es nuestra república la que tambalea y pierde el equilibrio si camina así, de esta manera, de la mano, no ya de una justicia ciega, sino tuerta.
CCA

miércoles, 2 de abril de 2014

DOBLE ESTÁNDAR

Días atrás, y con motivo del conflicto de Crimea, la Sra. Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se quejó de la doble vara o doble estándar que existe en los países y en los organismos internacionales. Esto lo hizo, para reforzar la postura Argentina con respecto al reclamo sobre la soberanía de las islas Malvinas, de acuerdo a las posturas de varios países con respecto a la validez o no del referéndum de los ciudadanos de Crimea afirmando la anexión de ésta a Rusia. Hasta ahí, la postura de la mandataria era la correcta. Pero luego también le tocó en suerte mover su cintura al compás del paso del doble estándar. ¿Qué pasó con las fotos con Putin, el presidente Ruso y las confusas declaraciones sobre Crimea, tan confusas que Rusia se las apropió como mejor le convino? Y luego ¿no aplicó nuestro país el doble estándar votando para que la reunión en la OEA donde se trataría la cuestión de Venezuela sea a puertas cerradas? 
Doble estándar. La política es un juego de toma y daca y equilibrios inestables. Lo vivimos diariamente y en los últimos 10 años, exacerbadamente. Hay ejemplos como para hacer un buen puré: un vicepresidente con algo más que demandas judiciales en su contra, una imagen negativa y cero autocrítica. Un excéntrico juez corrupto, enriquecido y amparado por la política, mientras la procuradora general clama por justicia independiente y aparta a un fiscal no solo independiente, sino eficiente, certero y valiente. 
El doble estándar reina entre el discurso y los grandilocuentes conceptos y la desolada acción. ¿Acaso no hay un doblez detrás de cada anuncio que no se concreta o detrás del disfraz de éxito cuando nuestra gestión ha sido un fracaso? Qué es sino, el feliz anuncio de los planes Progresar para casi un millón de jóvenes que en la década ganada no han sabido ni podido estudiar ni trabajar. O el plan Progresar porque la deficiente economía inflacionaria y débil moneda, nos ha dejado sin créditos y sin ahorros. Qué es sino el discurso del precio cuidado, insostenible, no solo para los productos de la canasta familiar, sino para tantos otros. ¿Y no es medir con doble vara exigir declaraciones juradas e impuestos altos y al día cuando el Estado es el principal empleador en negro? 
Hay doblez cuando para referirse a la inseguridad se ningunea la realidad y la atrocidad de muertes sin sentido, refiriéndose a la tragedia cotidiana como si fuera solamente una sensación; o cuando la misma presidente de la Nación por cadena nacional calla de manera obscena los problemas que realmente importan: inflación, paro docente, y nuevamente, inseguridad para hablar de aires acondicionados, alfajores y maternidades. O cuando desde el oficialismo se ofenden si se les dice que hay un Estado ausente, pero se ausentan en tragedias como la de Once, la de Cromañón, y llegan tarde a otras como las de La Plata y luego se adueñan del dolor de la gente politizando las donaciones de todo un país en manos de sus militantes con pecheras.  
Es doble estándar llamar al consenso social, al diálogo y a la resolución de problemas, cuando un gobierno no recibe ni habla con todo un sector de la economía como el campo. Es doble estándar cuando también se pide paz social y unión, y desde las redes sociales voceros informales pero avalados como D´Elía, agreden e insultan al que piensa distinto; y desde el oficialismo, no vienen los correctivos. O cuando un gobernador sospechado de abuso de autoridad en el trato y maltrato a los Qom se planta en un escenario detrás de la sra presidente, quien no recibe a estos argentinos apostados frente a la casa rosada esperando una audiencia, una respuesta. 
Doble estándar es también diseñar un cuestionado memorándum de entendimiento con un país que alberga y protege a los asesinos terroristas que volaron la AMIA y una Embajada.
Doble estándar es también adueñarse de la historia, apropiarse de una versión de los hechos y contarlos hasta el cansancio de manera persistentemente sesgada mientras, se nombra  a un tal Milani al frente del ejército. 
Y es doble también la vara con la que se lo trató a Bergoglio y luego al Papa. 
La política es sin duda el arte de lo posible aunque en el camino vayan quedando las hilachas de la coherencia y la autoridad moral.
CCA

miércoles, 4 de diciembre de 2013

CUANDO LA INCLUSIÓN EXCLUYE

Parte de la mística (por no repetir nuevamente el concepto de relato) de estos últimos 10 años ha sido la de la inclusión. Esa Argentina madraza de brazos anchos y pechos llenos que a acogido sin reclamarle nada a cambio,  a quienes así lo quisieron o peor, a quienes no les quedó otra opción. Una Argentina que los amamanta porque en su camino a la decadencia maquillada, de mucho los ha despojado.
El término inclusión ha sido embanderado en cada discurso que anunciaba o presagiaba nuevas medidas como, por ejemplo, las que diseñaron para que en la mesa inclusiva de los argentinos no faltara la carne, la leche ni el pan; y dejaron al criollo, con leche, carne, pan y yerba cada día más caros. Con menos energía, menos inversión, menos crecimiento, menos trabajo, menos credibilidad.  No es inclusiva la inflación y la mentira.
Los planes sociales que surgieron para paliar el hambre se transformaron de la mano de los punteros y de la política, en palancas de poder. Tan necesarios en situaciones extremas, al instalarse, erosionan la cultura del trabajo y adelgazan los brazos y los pechos de la madraza Argentina que cada vez tiene más hijos para cobijar, y que se acostumbran a su calor maternal y a la dulzura de su generosidad. No es inclusiva una política social que genera dependencia.
En la Argentina inclusiva, no ha cambiado demasiado la atención en los hospitales. Si  en el interior del país, la atención es más humana, lo que falta es infraestructura. Habitantes de algunos pueblos y ciudades, ante una emergencia o una situación crítica o aguda, en gran parte de los casos deben salir de urgencia a otras localidades,  porque, o no hay capacidad tecnológica o no hay recursos humanos. No es inclusiva la salud si no hay políticas públicas que estimulen a los profesionales de la misma, a instalarse en el interior del país con infraestructura, insumos, instrumentos y tecnología.
En Argentina, tierra fértil como pocas, los corruptos sonrientes con cara de amianto o teflón, que se llenan los bolsillos ignorando abiertamente las consecuencias de su robo, su desidia y su negligencia, despojan de transporte público seguro, educación de calidad, salud, trabajo y oportunidades a los que dicen, quieren incluir. No hay inclusión donde hay corrupción.
La mística a dejado a quienes se debe incluir, más despojados, más desprotegidos, y con menos oportunidades. Esta madraza que va adelgazando, no puede dar el pecho a todos, se le agotan los recursos, se va secando. Sabe que el cuento que relató a sus hijos durante años, era un cuento encantado. Algunos de ellos, no todos, cuando se caen de los ahora brazos flacos, salen a la calle, auténticamente desmadrados, a saquear, a robar, a lastimar, a exigir, a demandar, sin saber qué es lo que ellos pueden dar.

CCA

jueves, 24 de octubre de 2013

Desinformación

Donde abunda la desinformación reina la especulación.
Algo pasa con este gobierno. Algo nos pasa a todos con este gobierno. Sin darnos cuenta nos fuimos acostumbrando a su perverso manejo de la información, o mejor dicho de la desinformación. Para los ideólogos de los mensajes oficiales, callar es hacer desaparecer y modificar es crear una nueva realidad. No somos ingenuos. Sabemos que hay información que los gobiernos no difunden o intentan ocultar. El problema con este gobierno es que ha hecho de la desinformación y la tergiversación su modus operandi. A esta altura ya nadie cree en los números y en los datos que arroja el INDEC, en las cifras oficiales de cualquier ámbito del cual se hable, ni hablar de las fechas para cumplir promesas y los anuncios grandilocuentes con los que intentan disfrazar pobres actos de gobierno. A esto se le suma la salud de la presidente, que fue develándose no por los voceros oficiales sino por los médicos. Hoy, a través de ellos también nos enteramos del estado de su salud cardiovascular. 
El problema con la desinformación es que genera un tumulto de especulaciones, algunas serias otras disparatadas, pero en el mundo de las redes sociales, todas circulan y se replican para quien quiera escucharlas y difundirlas. ¿Se puede jugar a las escondidas con ciudadanos interconectados y al alcance de los datos? ¿No es subestimar la capacidad crítica de los mismos y desconocer cómo operan hoy todos los canales de comunicación? ¿Se cree seriamente en que la prohibición de publicar por medios de comunicación la cotización del dólar paralelo tendrá algún efecto como si la misma no llegara a quien la precise? Este gobierno tergiversa la historia, sus datos, sus muertos y sus afectados por inundaciones como mejor le conviene. Es por ello, y con justa razón que se habla del relato.
Estos manejos de la información que intentan disfrazar la realidad, y confundir a unos cuantos además de ser torpes,  generan en la mayor parte de los casos los efectos contrarios a los que se buscan. Pero lo más grave aún, es que restringen la libertad de elección de cada uno de los ciudadanos y su derecho a la información. Tener que tomar decisiones sobre datos poco confiables y tergiversados no parece ser una práctica muy democrática, y ni hablar de quienes quieran confiar sus capitales en un país donde nada es lo que parece y todo puede cambiar de la noche a la mañana. 
Un colega dijo, que la conferencia de Florencio Randazzo sobre el accidente ocurrido el pasado sábado en el tren sarmiento, había sido impecable. El problema es que los periodistas tengan que destacar situaciones que deben ser cotidianas y normales. Por su parte, ayer Amado Boudou se quejó de las especulaciones con el dólar paralelo aludiendo que hay quienes quieren generar un clima de desestabilización pre electoral.  ¡Como si ocultar lo que realmente sucede con la salud de la Sra. Presidente, con los números de la economía, con los datos de la inseguridad y las pruebas de la corrupción, no fuera especular con los ciudadanos!,  que lo único que quieren saber, es de qué se trata.

CCA

jueves, 26 de septiembre de 2013

Adictos

Físicamente y comparados con el resto de reino animal, los hombres no estamos dotados aparentemente de grandes armas de defensa. Nuestra piel es fina, no estamos recubiertos de pelos, tenemos uñas y no garras, no somos muy rápidos ni tenemos demasiada fuerza, no podemos ver en la oscuridad y tampoco tenemos muy desarrollado el olfato. Pero, tenemos dos de las armas más poderosas de todas: la inteligencia y el habla. Gracias a ellas, siendo débiles, nos hemos encumbrado en el pedestal del reino animal, pudiendo hacer frente a nuestras falencias. Construimos casas, abrigos, herramientas, medios de transporte y de comunicación, hemos sabido aprovechar las fuerzas de la naturaleza para generar energía y alimentos, y hemos avanzado en número y en sofisticación tecnológica gracias a la inteligencia y a la comunicación.
Pero, en medio del progreso y de siglos de existencia eficaz, seguimos asistiendo diariamente al circo de nuestra incapacidad en el manejo de nuestras dotes especiales, sobre todo, el habla. Esta capacidad esencialmente humana a veces pareciera estar poco desarrollada y ejercitada para algunos de nuestra especie. 
La palabra "adicción" significa, entre otras cosas, sin dicción o sin palabra.
No somos pocos los adictos. Adictos al gesto violento o al grito irracional, al impulso del acto, adicto al enojo al volante y la reacción desmedida, al insulto y a la descalificación. Ser adicto es estar faltos de palabras para la comunicación. Qué daño profundo es para el hombre no poder comunicarse si se piensa que es una de sus armas de supervivencia, de sus dotes distintivas. Adicto frente al televisor y a todo tipo de pantallas, al intercambio en las redes sociales, a la comida, a las compras, al ejercicio físico, a la bebida, etc. Aquello que no podemos decir lo traducimos en algún tipo de acción. Si tenemos pocas palabra con las cuales expresarnos somos menos libres. "Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida" dijo Wittgenstein. 
La democracia es una forma de vida y la forma de gobierno donde la esencia es la comunicación y el diálogo. Es la forma superadora a la tiranía de la fuerza que acalla la expresión de las ideas. En el Parlamento (de ahí su nombre) es donde los representantes exponen y hablan de sus ideas. La adicción se apodera también de la democracia, cuando en las sesiones del congreso se ataca la honorabilidad de una diputada, porque su contrincante ideológico al no poder recurrir a argumentos agrede a la persona a viva voz, o cuando otra legisladora ante la impotencia de la agresión verbal, devuelve con la agresión física, o cuando desde una bancada se refieren a otros como delincuentes y demás descripciones. Estamos adictos cuando una caravana de un candidato es agredida con piedras, o cuando se invade la propiedad de un político en un confuso caso de inseguridad. Adictos cuando nos manejamos con el escrache y la toma de colegios, cuando argumentar es agredir al candidato opositor.  Adictos cuando en espectáculos deportivos invade la violencia y aparecen los muertos.
La adicción está en las escuelas, las familias, los amigos, los equipos deportivos, las instituciones, los gobiernos, está en nosotros, y en nuestra incapacidad de tender puentes hacia el otro.

CCA